viernes, 23 de noviembre de 2012

Matisse: en busca de la verdadera pintura


Henri Matisse (1869-1954) fue uno de los artistas más aclamados en Francia durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, la pintura nunca fue algo sencillo para Matisse. A lo largo de su carrera, el artista cuestionó, repintó, y reevaluó su obra. Utilizó sus lienzos terminados como herramientas, repitiendo composiciones con el fin de comparar los efectos, medir su progreso, y, como él mismo explicó, "introducirse más y más profundamente en la verdadera pintura." Si bien esta forma de trabajar con parejas, tríos y series de pinturas no es exclusiva de Matisse, su necesidad de progresar metódicamente de un cuadro a otro es notable.
Matisse copió cuadros de antiguos maestros como parte de su formación académica. Encontró mucho que admirar en las paredes del Museo del Louvre pero también se mostró receptivo a las obras contemporáneas que encontró en las galerías parisinas. Le intrigaba particularmente la obra de Paul Cézanne (1839-1906) y Paul Signac (1863-1935). Matisse tomó prestados elementos estilísticos de los dos artistas, pero estaba más interesado en desarrollar sus propias sensaciones que en suscribirse a cualquiera de sus teorías.
A su regreso a la aldea de pescadores de Collioure en el verano de 1906, Matisse representó un adolescente local en una obra que tiene todas las características propias del fauvismo ("Joven Marinero I", 1906, Colección de Sheldon H. Solow). Después pintó una segunda versión de la composición sobre un lienzo de tamaño idéntico, esta vez utilizando colores planos y deformación para producir un efecto drásticamente diferente ("Joven Marinero II", 1906, Museo Metropolitano de Arte). Inseguro con su nueva dirección, Matisse dijo a sus amigos que esta última obra había sido pintada por el cartero del pueblo.
En 1930 Matisse contrató a un fotógrafo para documentar su progreso en ciertas pinturas. Su modelo y asistente de estudio Lydia Delectorskaya explicó que el fotógrafo era llamado "cuando, al final de una sesión, parecía que Matisse había llegado al final de su obra, o había decidió que había llegado ya a una etapa significativa..." En diciembre de 1945, seis pinturas recientes de Matisse fueron expuestas en la Galerie Maeght de París. Cada una estaba acompañada de grandes fotografías enmarcadas que documentaban su evolución.
Los estudios de interiores -un tema recurrente en la obra de Matisse a lo largo de toda su carrera- fue abordada en las últimas series que Matisse pintó, desde 1944 hasta 1948 en la Villa Le Rêve en Vence, Francia. El septuagenario artista sentía que toda una vida de trabajo le había preparado para utilizar el color como medio de expresión íntima. En la primavera de 1948, le escribió a su hijo Pierre que sus pinturas más recientes "impresionan a todo aquel que las ve, ya que son vivas y ricas." El crítico Clement Greenberg declaró que "Matisse pinta en este momento tan bien como nunca haya pintado antes, y en algunos aspectos tal vez aún mejor."

Fuente: Metropolitan Museum, Nueva York

¿De qué va la creatividad? Doce creativos responden


¿Qué hacen en el taller de Uiso Alemany en plena huerta de Alboraia músicos como José Manuel Casany y Aristides Abreu, de Seguridad Social, un chef de cocina como Firo Vázquez, un investigador y teórico del arte como Román de la Calle, un cineasta como Sigfrid Monleón, con diseñadores gráficos y comunicadores  como MacDiego y Boke Bazán, o un editor y mecenas como Chano Vernetta? ¿Y qué traman con ellos un  diseñador industrial del sector del mueble, como Jordi Vidal, un músico de vanguardia como Jose Salvador Chapí y la actriz Paula Miralles?
Convocados en torno a una mesa por el director de arte Txema Sánchez, son doce personalidades muy distintas, que no se conocían entre sí y que se pasaron doce horas viviendo una ficción artística, una jornada de reflexión en torno a la creatividad. El proyecto, denominado Dozen, nace de un encargo del impresor Chano Vernetta, y da lugar a un libro exquisitamente editado que, desafortunadamente, no está a la venta y recoge los doce mandamientos de la creatividad, con numerosas fotografías de lo que dieron de si esas 12 horas en la huerta."Lo que desea vender, contagiar, comunicar y reinventar es la idea que tras ese libro se cobija, abierta y disponible", dice Román de la Calle.
No obstante, todo cuanto sucedió allí fue grabado audiovisualmente y por tanto el encuentro ha generado más pensamiento y creatividad en otros soportes, de forma que cualquiera puede ver el corto, las imágenes y las entrevistas a todos los participantes en youtube y en facebook. "A lo largo de la semana que viene, abriremos un blog, con las fotos y comentarios y  añadiremos más videos de canciones de Seguridad Social y fotos o momentos del evento que están inéditos", anticipa Txema Sánchez.
"La ficción de Dozen", explica el maestro de ceremonias en una autoentrevista, "es sólo un espacio creativo más que nos ayuda a cohesionarnos como parte de una película en la que, supuestamente, salvamos a la humanidad de la pertinaz sequía de ideas en los gobiernos mundiales, para devolvernos a un mundo mejor, gracias al descubrimiento de los doce mandamientos de la creatividad".
Las ideas fluyeron a través de las conversaciones de la alquería y dejaron caer frases como "no a la ética sin estética", de Román de la Calle; "el arte es el cáncer de la creatividad", de Mac Diego; "las reglas están para romperlas", de José Manuel Casany; "la creatividad sobre todo es trabajo", de Firo Vázquez, o "la creatividad es la capacidad de ver" de Paula Miralles. La jornada, en la que participaron otros doce colaboradores en tareas diversas, "resultó tan prolífica e interesante", que esta mesa de reflexión creativa "seguramente se repetirá en el 2013, si los mayas se equivocaron, aunque no fuera del todo", aventura Sánchez.

Fuente:  El País

jueves, 22 de noviembre de 2012

El arte:¿inversión económica o capricho?

Si fuera sencillo contestar, ya sabríamos la respuesta. Sin embargo es bastante complicado responder a esta pregunta. Antaño, el Arte siempre ha estado vinculado al poder: sea que fuera un príncipe, un papa o un señor adinerado, el resultado no cambiaba mucho. Cada pequeña o grande rama del poder querría auto-celebrar su posición  con una pintura, posiblemente figurativa, que mostrase a la colectividad su importancia y su valor o que instruyese el pueblo sobre los principios morales a seguir para ganarse un trozo de paraíso o sobre los castigo a que iban a enfrentarse si se alejaban de la recta vía. A partir del principio de l siglo XX el Arte se volvió independiente. Bueno, siempre se necesitaba de un mecenas, ya que es un campo muy competitivo, pero no obstante los artistas tenían su propia autonomía a la hora de elegir el tema, el concepto o la composición e sus obras. Sin embargo, un poco por la esencia burguesa del publico, un poco porque las pinturas originales -en particular de pintores ya famosos- cuestan cifras exorbitantes para los comunes mortales y también a causa de la estructura de las viviendas (siempre más pequeñas y más caras) que no permiten alojar cuadros sino en cierta reducidas dimensiones, no se ha alimentado ni se alimenta la costumbre de comprar pinturas originales, ni como capricho personal ni como inversión futura.  Lo único que queda es ir a las exposiciones y soñar con tener una pared bastante grande  y una cartera repleta de dinero para satisfacer nuestra humana exigencia de belleza. Algo que la situación económica y política de los últimos cincuenta años nos ha arrebatado paulatinamente.

ÚLTIMAS NOTICIAS