Si fuera sencillo contestar, ya sabríamos la respuesta. Sin embargo es
bastante complicado responder a esta pregunta. Antaño, el Arte siempre ha
estado vinculado al poder: sea que fuera un príncipe, un papa o un señor
adinerado, el resultado no cambiaba mucho. Cada pequeña o grande rama del poder
querría auto-celebrar su posición con
una pintura, posiblemente figurativa, que mostrase a la colectividad su
importancia y su valor o que instruyese el pueblo sobre los principios morales
a seguir para ganarse un trozo de paraíso o sobre los castigo a que iban a
enfrentarse si se alejaban de la recta vía. A partir del principio de l siglo
XX el Arte se volvió independiente. Bueno, siempre se necesitaba de un mecenas,
ya que es un campo muy competitivo, pero no obstante los artistas tenían su propia
autonomía a la hora de elegir el tema, el concepto o la composición e sus obras.
Sin embargo, un poco por la esencia burguesa del publico, un poco porque las
pinturas originales -en particular de pintores ya famosos- cuestan cifras
exorbitantes para los comunes mortales y también a causa de la estructura de las
viviendas (siempre más pequeñas y más caras) que no permiten alojar cuadros
sino en cierta reducidas dimensiones, no se ha alimentado ni se alimenta la
costumbre de comprar pinturas originales, ni como capricho personal ni como
inversión futura. Lo único que queda es
ir a las exposiciones y soñar con tener una pared bastante grande y una cartera repleta de dinero para
satisfacer nuestra humana exigencia de belleza. Algo que la situación económica
y política de los últimos cincuenta años nos ha arrebatado paulatinamente.






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