EFE. El dibujante de cómic francés de origen yugoslavo Enki Bilal se
ha convertido en el primer artista de cómic en llevar su trabajo al
Museo del Louvre con una muestra concebida para la ocasión que salpica
con fantasmas los lienzos y rincones de una de las pinacotecas más
visitada del mundo.
La exposición Los fantasmas del Louvre, que podrá visitarse hasta el próximo 18 de marzo, reúne una síntesis de 23 obras que mezclan fotografía y pintura firmadas por el autor de Trilogía Nikopol (Norma editorial) y recogidas en la sala de las Siete Chimeneas, otrora alcoba del rey Luis XIV.
Se trata de una pequeña selección sobre un total de 400 fotografías originales de
obras emblemáticas del museo tomadas por Bilal (Belgrado, 1951) desde
ángulos insólitos y con la pinacoteca vacía, sin ninguno de los cerca de
9 millones de visitantes que recorren cada año sus laberínticas salas y
pasillos.
Los fantasmas de Enki Bilal
El creador imprimió sus 23 instantáneas en lienzos de 50 X 60 centímetros sobre los que insertó el semblante de sus fantasmas, trabajando directamente sobre la tela con acrílico y pastel.
Esa original intervención le ha permitido a Bilal acompañar con rostros etéreos de personajes fallecidos obras como la Victoria de Samotracia, el goyesco Retrato de la condesa del Carpio o el Código de Hammurabi, entre otros.
"Detrás
de cada obra hay muchos muertos", comenta el dibujante, quien recuerda
esa leyenda de que las muertes violentas generan fantasmas que imprimen
en las estancias "el recuerdo y la forma del cuerpo", explicó el
dibujante durante la presentación de la exposición.
Del óleo del Greco San Luis, rey de Francia emerge la torturada efigie de tonos azulados de Analia Avellaneda,
un personaje de padre desconocido y madre pobre que nació en Toledo en
1559, trabó amistad con el pintor y falleció en el incendio de su taller
en circunstancias algo confusas. Una ficción de Bilal.
La Mona Lisa y el fantasma de Antonio Di Aquila
El emblema del museo e icono del arte universal, la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci, lleva aparejado el fantasma del frustrado pintor Antonio Di Aquila,
otro de esos personajes de trágico destino y ficticia biografía
inventados por Bilal y documentados detalladamente, hasta hacerlos casi
reales.
"Cuando veo que algunos creen que he ido a rebuscar entre
los archivos para encontrar personajes que existieron realmente, me
digo que me ha salido bien", reconoció el artista.
El Louvre, como todos los museos del mundo, es para Bilal un lugar en el que predomina la muerte y en el que uno tiene la sensación de recorrer pasillos por los que también vagan otras almas, "como si se respirasen fantasmas".







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